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“II Conferencia sobre discriminación y violencia de género en el mundo del trabajo”

El día miércoles 15 de octubre de 2014 el CePETel llevó adelante la “II Conferencia sobre discriminación y violencia de género en el mundo del trabajo”, organizada por la Secretaría de Género.  El evento tuvo lugar en el aula nro. 1 de la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad de Buenos Aires (UTN).

Las Profesoras Romina Martínez y Mariel Méndez, de la Diplomatura en Gestión de Organizaciones con Perspectiva de Género, dependiente del Instituto Nacional de investigaciones históricas Eva Perón, Secretaría de Cultura, Presidencia de la Nación, fueron las responsables de darnos una mirada acerca de esta temática tan importante para alcanzar sociedades más justas, conjuntamente con el Lic. Ricardo Avigliano, delegado del sindicato, quien estuvo a cargo del cierre del encuentro acercándonos al día a día laboral de los compañeros y compañeras en lo que hoy se llama mobbing.

Entre las ideas más importantes podemos destacar:

La idea de perspectiva de Género tiene como eje transversal generar consciencia sobre el flagelo que atenta contra mujeres y otras minorías sociales como la comunidad gay, transexuales, etc. Realizando un recorrido histórico sobre el surgimiento del concepto de género de hace diez o doce años atrás, se puede destacar la existencia de una militancia activa, pero donde además fue necesaria la legitimación por parte del Estado a través de una política de inclusión, como ocurre con la Ley de matrimonio igualitario, la Ley de identidad de género, la Ley de adopción, la Ley de fertilización asistida. Asimismo, aún persisten en el discurso ideas tan arraigadas de una sociedad patriarcal, que toman estos cambios como amenazantes del orden social y “natural” de las cosas. Estas ideas machistas determinan los roles exclusivos de la mujer y se reflejan en las publicaciones televisivas, de diarios y revistas, a pesar del monitoreo constante de organizaciones estatales como ser el AFSCA. Esto en su conjunto, afecta a las relaciones interpersonales.

En materia de psicología, comentaron que el género tiene tres instancias, igual de importantes, para asumir determinada identidad:

1)      Género como rótulo.  Desde que la persona nace se le atribuye en función de su apariencia externa a raíz de su genitalidad.

2)      A los dos o tres años de edad, la persona ya adquiere la facultad del habla pero no distingue la diferencia de las fisonomías entre varones y mujeres.  Constituye su identidad por injerencias culturales, el juego, la vestimenta, los pasatiempos. Este es el llamado “género en disputa” según Judith Butler.

3)      En una tercer instancia, los roles determinan el género según las conductas que se consideran normalmente esperadas y el conocimiento naturalizado.

Podemos definir género a partir de una determinación biológica o como una Imposición cultural según la corriente de pensamiento que miremos. Este último, sale de la lógica sexista, donde se determina el género por las condiciones sexuales de las personas y se interpreta mediante el imaginario social que se construye a partir de ellas (discursos, normas, prácticas), relacionado con lo que Foucault llama los cuerpos disciplinados. Este pensamiento considera que no hay una norma específica de lo que se considera hombre o mujer, sino que se conforman estereotipos sociales (imposiciones culturales taxativas) que son los que determinan lo correcto y lo incorrecto y que funcionan indirectamente en forma de leyes. Por eso la mujer y el hombre tienen roles asignados socialmente, tan incorporados a los imaginarios sociales que son difíciles de ser cambiados. Sin embargo, estos estereotipos son permeables de modificación permanentemente, y esa es nuestra tarea.

Según estos estereotipos, se consideran virtudes de la femineidad, la alegría, la idea de mujer soñadora, sensible, maternal, genuina, buena y, los defectos como impulsiva, histérica, frívola, tonta, débil.  Por otro lado, las virtudes de la masculinidad resultarían ser el hombre como independiente, fuerte, aventurero, poderoso, protector, audaz, inteligente. Mientras que los defectos son el carácter de infiel, bruto, codicioso, etc. Relacionado con el mundo laboral, el hombre termina considerándose como el que por su condición de tal, es el que trabaja, el que dirige.

Por otra parte, se pueden diferenciar distintos momentos históricos de esta representatividad simbólica, de jerarquías de género relacionadas también con la antropología.

Un primer momento, surge a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Aquí comienzan las  luchas del movimiento feminista, que consiguen el reconocimiento de la facultad de votar, de ser candidato público. Las mujeres conquistan derechos civiles reivindicando los roles en términos de equidad, en contraposición con el dominio masculino y la lógica femenina de debilidad.

En un contexto de Guerra Mundial, hay una estigmatización mayor del rol de la mujer, de preservación de la familia. La mujer era el  medio para evitar la influencia ideológica extranjera. El rol servil de la mujer se lo circunscribe al rol doméstico.

Durante la posguerra, a partir del año 1949 la mujer rompe con el límite del hogar y se manifiesta a partir de la igualdad: “la mujer no nace, se hace”, escribe Simone de Beauvoir. El psicoanálisis freudiano comienza a cuestionar los determinismos biológicos.

Recién en los años `70 se introduce en Argentina el término Género, en el marco de confrontaciones sociales y críticas al sistema económico. Durante los años ´80 surgen las corrientes estructurales de la mujer que pone en evidencia su invisibilidad histórica, tanto como objeto como por sujeto. En este tercer momento, se comienza a cuestionar la representación de la mujer como colectivo social.

Esta perspectiva de género se puede relacionar con las representaciones y condiciones en las relaciones en el mundo del Trabajo. La principal crítica es hacia las maneras tradicionales y el papel de la mujer en las relaciones productivas.  La incorporación de la mujer al trabajo asalariado, se efectúa de manera desventajosa, reivindicándose un abrojamiento del trabajo productivo al doméstico (lo que se llama doble y triple jornada: el trabajo asalariado más el trabajo doméstico).

Esto surge porque la sociedad patriarcal establece la división sexual del trabajo. Por un lado, la femineidad forma parte del ámbito privado (doméstico), reproductivo, mientras que, la masculinidad, pertenece al ámbito público, productivo.

Dentro del capitalismo, se interpreta al trabajo como mercancía. El ámbito doméstico pertenece a lo privado  y no se considera mercancía por tanto queda invisibilizado como tal. Diferentes corrientes de pensamiento fueron develando este aspecto del trabajo femenino considerándolo siempre existente a través del cuidado de niños y mayores.

Estos estereotipos afectan las posibilidades de capacitación y ascenso laboral de la mujer. Si bien la mujer ingresa al mercado laboral con mayor proporción a partir de los años `90, estos modos culturales continúan.

Estudiar la manera en que estas construcciones culturales se producen, permite generar un plan de acción para los cambios hacia la perspectiva de género. Por otro lado, se pueden estudiar distintas formas de segregación de las mujeres en el mercado de trabajo: la Vertical  también llamada el “techo de cristal”,  según la cual son designadas a los puestos de trabajo de menor prestigio y además,  tienen menos posibilidades de ascenso. Y otra forma es la Horizontal o “piso pegajoso”. En este caso, se consideran ciertas  ocupaciones como típicas femeninas, relacionadas con las actividades domésticas y de reproducción. Por ejemplo, hay mayoría de mujeres en el trabajo de la educación.

En conclusión, para superar estas formas discriminatorias se debe analizar la equidad de género como estrategia en el mundo del trabajo porque la integración permite el desarrollo práctico. Desde un enfoque integrado de género  relacionado con el trabajo, se estudia la integración de políticas, de programas, de proyectos, según el cual, se pueden implementar indicadores de género, campañas de sensibilización, diversificación de opciones ocupacionales, reparto de responsabilidades, corresponsabilidad doméstica y planificación sensible del género, mediante acciones específicas.

En el cierre de la Conferencia Ricardo Avigliano del CePETel desarrolló la temática de violencia laboral o Mobbing.

El compañero partió de temas conceptuales:

-Mobbing: es entendido como la situación en que una persona ejerce cierto abuso o violencia psicológica extrema sobre otra persona, de forma sistemática y recurrente, durante un tiempo prolongado con la finalidad de destruir las redes de  comunicación.

Existen varias definiciones de Mobbing:

  • Modelo psicopatológico (Iñaki Piñuel) habla del perfil del acosador y el acosado y se centra en el juego. Aparece la violencia relacionada con el poder y la prolongación en el tiempo y la relación asimétrica entre agresor y la víctima.
  • Modelo socio laboral (Dolores Fernández y Clara Clorens) relaciona organización del trabajo y daños a la salud
  • Modelo integrador (Susana Mayoral Blasco) habla de agentes externos o internos en un campo con estructura formal o informal, en un ámbito cultural: colectivo, organizacional o individual.

Sin embargo, pensar el mobbing  sin lugar a dudas es pensar en la Cultura Organizacional de las empresas en general, donde se aplican mecanismos institucionales que favorecen este tipo de patologías. Por ejemplo: “objetivos o calidad”; “expertos o generalistas”; “el trato al empleado ¿se asemeja al trató cliente?”; “el estigma del fuera de convenio o  “fuera del sistema”; etc. Lejos de ir a las causas del problema, los empleadores adjudican los problemas de la empresa al empleado, y estos problemas surgen del clima laboral que se genera a partir de estas experiencias.

Por su parte, el abordaje sindical del mobbing, tiene como poder de acción avanzar de lo correctivo a lo preventivo, luchar por las condiciones dignas de trabajo y no sólo por el salario, destacar la responsabilidad del empleador cuando corresponde, porque las empresas no sólo tienen objetivos de ganancias y utilidades sino que deben velar por las buenas relaciones interpersonales. El Sindicato tiene la   responsabilidad de transmitir esto a las nuevas generaciones de sindicalistas. Para tomar conciencia del problema, se propuso destacar la importancia de la conciencia colectiva, la dignidad, la equidad, la comunicación efectiva, el buen trato interpersonal.

La Conferencia concluyó con un debate de ideas respecto a las acciones de mejora de las relaciones entre trabajadores y el abordaje a la perspectiva de género.

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